MX Election Results

I’m also including this thoughtful analysis from Denise Dresser in both Spanish & English.

 (Español)

A vigilarte

Denise Dresser (02-07-2018)

Sr. Presidente:

Te escribo estas líneas, sentada en mi escritorio, con el pulgar manchado de tinta indeleble, con sentimientos encontrados. Esperanza y zozobra. Alegría y temor. Gozo por lo que decidimos dejar atrás e inquietud ante lo que vendrá. Sé por qué ganaste; sé por qué el voto se volcó en tu favor. Como nadie recorriste el País y entendiste su enojo. Como nadie capturaste el sentir de los indignados, los enfurecidos, los enojados. Años de democracia diluida, transición trastocada, igualdad creciente, pobreza lacerante. Años de sacar al PRI de Los Pinos para verlo regresar, más corrupto, más rapaz, más desalmado. Años de instituciones puestas al servicio del poder y no del ciudadano. Y tú, el insurgente, ofreciste lo que tantos querían oír. La refundación. La transformación. El rompimiento con el viejo régimen. Invitaste al País a hacer historia contigo. Y la mayoría te acompañó; algunos con entusiasmo, otros con ambivalencia, muchos para darle un puntapié al priismo.

Había que castigar al PRI por su patrimonialismo y al PAN por mimetizarlo. Había que sacudir al sistema y darle un puñetazo al statu quo. Era imperativo retomar el camino de una transición que se truncó por una partidocracia rapaz, unas autoridades electorales que fueron perdiendo credibilidad e imparcialidad, un sistema de justicia para la protección de los privilegiados, un pacto de impunidad que permitió la supervivencia política de la podredumbre.

Fuimos saboteando la consolidación democrática, sexenio tras sexenio. Permitimos que el “neoliberalismo a la mexicana” concentrara la riqueza y perpetuara la pobreza. Ignoramos la violencia que fue convirtiendo pedazos del País en tierra de nadie, disputados por los cárteles, sembradíos de cadáveres y de fosas. Contemplamos cómo la guerra contra las drogas se convirtió en una guerra contra los mexicanos, liderada por Fuerzas Armadas que no saben estar en las calles, llenándolas de “daños colaterales”. 240 mil muertos, 34 mil desaparecidos; las cifras de la barbarie. Las cifras del México roto.

Y tú fuiste de plaza en plaza, de pueblo en pueblo, dándole voz al horror. Atizando los agravios y reconociéndolos. Triunfaste porque tu diagnóstico es el correcto. México ha sido expoliado por sus élites y exprimido por sus intereses enquistados y victimizado por su vetocracia sindical y empresarial. El péndulo de la historia se corrió de la acumulación a la redistribución; de la derecha a la izquierda como Albert Hirschman lo explicara. Todo eso lo entiendo, lo reconozco. Pero aun así, no soy de las jubilosas que quiere abrazarte, izarte en hombros. Porque no sé cómo gobernarás, a quiénes escucharás, a cuáles miembros de la “mafia en el poder” perdonarás, qué modelo económico instrumentarás, qué sistema de justicia edificarás, si serás el líder aplaudible de una izquierda progresista o el líder cuestionable de un lopezobradorismo conservador. Ante nosotros se vislumbra una Terra Incognita.

No temo que México se vuelva Venezuela. Temo que México siga siendo el mismo México. Un país clientelar alimentado por un Estado dadivoso que crea recipientes en vez de participantes. Un país que mantiene el capitalismo de cuates, solo que con otros cuates, los tuyos. Un sistema de partido hegemónico renovado con pocos contrapesos. Un andamiaje institucional corroído cuyas falencias sean suplidas por el presidencialismo resucitado. Me anima tu incorruptibilidad personal, el perfil de ciertas personas que te rodean, el espíritu de renovación que te acompaña. Me preocupa que ataques a la prensa, desdeñes al Congreso, denuestes a la Suprema Corte, descalifiques a la sociedad civil, dividas a la población entre los “buenos” que te apoyan incondicionalmente y los “malos” que lo son sólo por cuestionarte. Y es cierto que muchas de las organizaciones y las instituciones que señalas son indefendibles. Pero habrá que remodelarlas, no saltar por encima de ellas.

Hoy, el día después, estaré haciendo la tarea que me toca: vigilarte, exigirte, recordarte el imperativo de reconciliarnos. De gobernar en nombre de todos y no solo de quienes votaron por ti. De reconocer el pluralismo y promover la tolerancia. De combatir privilegios y corrupción pero también en tu propio partido. Y decirte: México no es el país de AMLO o Morena o sus Gobernadores o sus Diputados. Es el País de uno. El País nuestro. En 2018 y siempre.

(English)

To keep an eye on you

Denise Dresser (02-07-2018)

Mr President:

I write these lines to you, sitting at my desk, my thumb stained with indelible ink, with mixed feelings. Hope and sorrow. Joy and fear. I rejoice at what we decide to leave behind and worry about what is to come. I know why you won; I know why the vote went in your favor. Like no one else in the country understood his anger. Like no one else you captured the feelings of the outraged, the angry, the angry. Years of diluted democracy, disrupted transition, growing equality, grinding poverty. Years of taking the PRI out of Los Pinos to see it return, more corrupt, more rapacious, more soulless. Years of institutions placed at the service of power and not of the citizen. And you, the insurgent, offered what so many wanted to hear. The refounding. The transformation. The break with the old regime. You invited the country to make history with you. And most of them came with you; some with enthusiasm, others with ambivalence, many to kick the PRI.

The PRI had to be punished for its patrimonialism and the PAN for mimicking it. The system had to be shaken and the status quo had to be punched. It was imperative to resume the path of a transition that was cut short by a predatory party, electoral authorities that were losing credibility and impartiality, a justice system for the protection of the privileged, a pact of impunity that allowed the political survival of the rot.

We were sabotaging democratic consolidation, six years after six years. We allowed “Mexican-style neoliberalism” to concentrate wealth and perpetuate poverty. We ignore the violence that was turning pieces of the country into a no-man’s-land, disputed by the cartels, sown with corpses and pits. We watched as the war on drugs turned into a war against Mexicans, led by armed forces that do not know how to be on the streets, filling them with “collateral damage”. 240,000 dead, 34,000 missing; the figures of barbarism. The broken Mexico figures.

And you went from square to square, from village to village, giving voice to the horror. By stirring up grievances and acknowledging them. You triumphed because your diagnosis is right. Mexico has been plundered by its elites and squeezed by its entrenched interests and victimized by its trade union and business veto. The pendulum of history shifted from accumulation to redistribution; from right to left as Albert Hirschman explained it. I understand  all that, I admit it. But still, I’m not one of those jubilant women who wants to hug you, hoist you on her shoulders. Because I don’t know how you will rule, who you will listen to, which members of the “mafia in power” you will forgive, what economic model you will implement, what justice system you will build, whether you will be the applaudable leader of a progressive left or the questionable leader of a conservative lopezobradorismo. A Terra Incognita can be seen before us.

I’m not afraid that Mexico will become Venezuela. I fear that Mexico is still the same Mexico. A client country fed by a gifted state that creates recipients instead of participants. A country that maintains peer capitalism, only with other peers, yours. A renewed hegemonic party system with few counterweights. A corroded institutional scaffolding whose shortcomings are made up for by the resurrected presidentialism. I am encouraged by your personal incorruptibility, the profile of certain people around you, the spirit of renewal that accompanies you. I am concerned that attacks on the press, disdain of Congress, denigration of the Supreme Court, disqualification of civil society, division of the population between the “good guys” who support you unconditionally and the “bad guys” who are just for questioning you. And it is true that many of the organizations and institutions you point to are indefensible. But they’ll have to be remodeled, not jumped over.

Today, the day after, I will be doing my task: to watch over you, to demand of you, to remind you of the imperative of reconciliation. To rule on behalf of everyone and not just those who voted for you. To recognize pluralism and promote tolerance. To fight privileges and corruption but also in your own party. And tell you: Mexico is not the country of AMLO or Morena or their governors or their deputies. It’s your country. Our country. In 2018 and always.

 

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